Juan Osvaldo Soto Pérez tenía apenas 12 años cuando, a escondidas de sus padres, buscó la forma de aprender a correr motora. Poco después consiguió un trabajo a tiempo parcial para entregar periódicos en una “motorita” que se pudo comprar. Tras el guía, siempre se sintió cómodo. Más que simplemente cómodo; libre. Por eso, con el pasar del tiempo su pasión por trasladarse en la carretera sobre dos ruedas siguió creciendo. Se convirtió en eso que llaman un ‘biker’.
Hoy Juan Osvaldo tiene 47 años y, sin dudar un momento, asegura que nada apaga esa felicidad que siente cada vez que sale a dar una vuelta en moto. Ni siquiera lo que ocurrió el 27 de septiembre de 2019. Ese día, como tantos otros, compartía con un grupo de amistades que, como él, iban de paseo en motora. Al filo de las 11:20 p.m. decidió irse a casa junto a dos de sus acompañantes. Al tomar la salida a la carretera 165 de Dorado hacia Toa Baja un conductor lo impactó, desprendiéndole la pierna al instante.
“Cuando recibo el impacto, caigo en el pasto en la orilla de la carretera. Estuve todo el tiempo consciente, hasta que me llevaron a sala de operaciones. Con el coraje que tenía, la adrenalina, me senté y le dije 20 cosas (al conductor), y entonces veo mi pierna. La batata (parte carnosa de la pierna) estaba en el ruedo del pantalón. Todo el resto quedó aplastado. Ahí yo dije: aquí no hay más nada que hacer. Señor, en tus manos quedo”, recuerda, como si se tratara de una película.
Ya en el hospital, mientras soportaba un dolor “horrible”, los médicos le explicaron la gravedad de su situación. Llegaron a mencionar que podrían hacer el intento de colocarle tornillos y clavos a la extremidad. Sin embargo, Juan Osvaldo no tenía ninguna sensibilidad en el pie. Tenía claro que su pierna ya no podría responderle. “Córtenla”, instruyó a los galenos.
En medio de lo que estaba viviendo, Juan Osvaldo no perdió el temple. Los médicos, las enfermeras y sus amistades estaban impresionados por su estoicismo. Pensaban que en algún momento iba a caer en una depresión o, al menos, en un estado de tristeza o de ‘shock’. Pero no fue así. Cuando llegaba la visita, era él quien le daba ánimo.
“Mantuve siempre una actitud positiva. De aceptación y no de negación. Yo digo que en el momento que vi mi pierna cambié el ‘switch’. Pensaba: la pierna no está. Es de aquí para adelante. Nunca he decaído”, asegura, con una conciencia bastante clara acerca de la fuente de su fortaleza. Su nombre es Tristana, una amiga suya que algún tiempo antes había luchado contra el cáncer de colon con una valentía que siempre admiró. Cuando estaba en el hospital, pensaba en ella. Se repetía que, si Tristana había logrado mantener su actitud combativa y las ganas de vivir, él también lo lograría.
Este ejemplo también le sirvió para pensar en cómo su historia podía inspirar a otros. Y la verdad es que en Puerto Rico hay mucha necesidad de modelar la supervivencia a eventos como los que él ha vivido. Del 1 de enero al 28 de noviembre de 2022, suman 243 las víctimas fatales de choques de tráfico. De éstas, 19.1% fueron motociclistas. Otros tantos sobrevivieron y enfrentan diariamente los retos de vivir sin una extremidad, con movilidad reducida u otras condiciones. Algunos, como Juan Osvaldo, no permitieron que la experiencia les arrebatara su pasión por seguir corriendo motora.
“Esto no es algo que hago por fiebre, por estatus, o porque lo hace otro. Lo hago porque me gusta, me apasiona, es mi modo de escape, de distracción. No vi razón para no volver a hacerlo. Lo que pasó no fue por negligencia mía”, afirma.
Juan Osvaldo es consciente de que en choques donde está involucrado un motociclista, hay quienes juzgan sin siquiera saber lo que ocurrió. Pasan por alto que en ocasiones, los conductores son “temerarios hacia las motoras” y no se observa una cultura de respeto hacia quienes disfrutan de la actividad. Esta creencia de que “el culpable siempre es el de la motora” es parte de lo que opina debe modificar la ciudadanía para tomar en cuenta que las carreteras son de todos y que muchas tragedias podrían evitarse si tanto conductores de vehículos, como de motoras y bicicletas, ejercen su responsabilidad y practican las medidas de prevención necesarias. En el caso de los motociclistas, la Comisión para la seguridad en el tránsito recomienda siempre llevar casco y vestimenta apropiada.
Si vamos en la carretera pensando que quien conduce la motora u otro vehículo podría ser nuestro hijo, amigo o familiar, quizás compartiríamos la carretera de una manera más consciente. Quizás podemos pensar que en la próxima motora que nos crucemos en el camino va Juan Osvaldo, un sobreviviente de un choque que pudo haberle arrebatado la vida.



