Amante de las actividades extremas, Nelson Luis Santiago Luciano disfrutaba desde muy joven los paseos en motora o las aventuras en su “four track”, sin pensar que aquello que tanto valoraba podía ponerle en una posición muy difícil. Tan difícil como tener que tomar la decisión de sacrificar una extremidad para salvar su vida.
Pero así ocurrió. El 15 de noviembre de 2015 Nelson o “Nelsito”, como le llaman sus allegados, salió de una actividad familiar en Barranquitas, dedicada a una tía enferma de cáncer.
“Salgo de allí en mi motora y llegando a mi casa, entrando a mi urbanización, este caballero en estado de embriaguez me lleva enredado llegando a mi casa. Caigo al piso, consciente de todo. No veía. Solo escuchaba a todo el mundo”, relata.
Tirado en el pavimento, Nelsito escuchó la llegada de los paramédicos que llegaron a socorrerle y el susurro de una persona que, sin conocerle, oraba por él. Poco a poco, empezó a oír las voces de familiares: “estás bien. Estás vivo”.
Nelsito estaba con vida, pero no sentía su pierna izquierda. Preguntó qué le pasaba en la extremidad y le respondieron que estaba “malita”. Fueron momentos de incertidumbre por no poder valerse por sí mismo ni saber qué le esperaba.
En el hospital, supo que el estado de su pierna era tan grave que la única alternativa para proteger su vida del daño que había sufrido era amputarla. Tenía 26 años.
“Me dijeron que si me amputaban podía tener vida normal, dentro de todo. Me preguntaron si yo estaba decidido para hacer eso. Y firmé la autorización para mi amputación”, recuerda quien en aquel momento se desempeñaba como “bartender”.
A la operación para amputarle la pierna por encima de la rodilla se sumó otra cirugía para reparar una fractura en su mano izquierda. Nelsito soportó mucho dolor en este proceso. A pesar de ello, siente que se mantuvo optimista, tanto que hasta animaba a las amistades y familiares que llegaban a verlo.
“Llegaban llorando. Yo los calmaba. Les decía: estoy vivo”, relata.
En febrero de 2016 el joven -que hoy tiene 34 años- daba sus primeros pasos con una prótesis. Como para todas las personas que enfrentan una amputación, este cambio trajo retos que quien no ha experimentado algo parecido ni siquiera puede imaginar. Apareció el dolor fantasma – ardor, sensación punzante, hormigueo- en la extremidad que ya no está. También tuvo que aprender a llevar a cabo sus actividades cotidianas y regresar al trabajo manejando de una manera distinta todo su cuerpo, por mencionar apenas algunos desafíos.
Además de su propia fortaleza, cuenta con una red de apoyo sólida. Nelsito reconoce que perdió algunas amistades tras su choque. Sin embargo, quienes se mantuvieron junto a él han sido solidarias al extremo de tomar la decisión de cambiar de pasatiempo para acompañarle. Muchos eran aficionados a las motoras, pero cuando él optó por comprar un ‘jet ski’ para entretenerse, ellos optaron por hacer lo mismo.
“Tengo que ser bien agradecido con los que se quedaron”, reconoce quien también transformó su vida laboral para dedicarse al campo del cannabis medicinal. Hoy se desempeña como gerente de un dispensario, lo cual le permite más estabilidad y tiempo para dedicarle a su más grande amor y fuente de inspiración: su hija de 5 años.
Con ella comparte otro de sus pasatiempos, las carreras de ‘four tracks’, siempre enfocándose en pasar ratos de diversión tomando todas las medidas de seguridad.
Para Nelsito, otro motivo de agradecimiento es la ayuda recibida por sus amistades, familiares y conocidos para adquirir los mejores equipos que facilitan su vida. La primera prótesis que tuvo costó $18,000. La que tiene actualmente, es electrónica y está valorada en $90,000. Las personas amputadas, como él, muchas veces tienen que esforzarse mucho para cubrir sus gastos o aceptar la colaboración de otros para el respaldo económico que necesitan.
El caso de Nelsito es una de muchas historias que exponen la importancia de acompañar a quienes sufren infortunios graves en las carreteras.
“En algún momento pensé, se me acabó la vida. Yo tenía una vida bien activa, para que de momento se detuviera. Pero la vida no se acaba, continúa. Le doy gracias a Dios, sigo con mi vida lo más normal. Los dolores son inevitables. Siempre vivo con dolor en mí. El muñón se hincha, pero tengo que caminar, tengo que trabajar. Seguir pa’ lante. Todo por la nena”, apunta.



